sábado, 23 de mayo de 2009

Mi Confrontación con la docencia

Nací en el seno de una familia en la que la mayoría ejerce la profesión de maestros (mi mamá, tíos, tías, primos, primas) así que la principal motivación la tuve en mi propia casa.
Desde pequeña manifesté mi deseo por ejercer esta profesión, incluso estudié la preparatoria en lo que fue el bachillerato pedagógico (en aquel entonces peldaño para ingresar a la escuela normal), hice mi examen de admisión y fui aceptada en la normal. Pero me enfrenté con una crisis vocacional, como durante los dos últimos años de la preparatoria había estudiado conjuntamente la carrera técnica de programador analista, deseaba más que ser maestra, continuar con mis estudios en el área de la informática. Sin embargo debido a que no se me permitió estudiar una carrera que era exclusiva para hombres ante los ojos de mi mamá, y como a ella le atraía mas la idea de que yo fuera maestra, pues lo más práctico fue no serlo y opté por estudiar contabilidad.
Durante mis estudios universitarios reafirme mi convicción por la docencia, dos años antes de concluir la licenciatura, se me presentó la oportunidad de ocupar una plaza administrativa en el CBTis 207, la cual acepté gustosa ya que al estar dentro del sistema, sería más fácil incursionar como docente.
Nunca he ejercido mi profesión como tal, me gusta la contabilidad pero solo para enseñar, no he logrado visualizarme en un despacho contable.
De los trece años que tengo de servicio, 6 años estuve como Jefe del Departamento de Servicios Escolares y fue ese acercamiento con los jóvenes, los que han sido mi motivación como docente, tanto que decidí estudiar la licenciatura en matemáticas en la normal superior del estado, pero sólo logré concluir 3 semestres, tras sufrir un golpe muy fuerte en la cabeza en un accidente automovilístico, ciertas capacidades se han disminuido, no me gusta reconocerlo, en ocasiones me extralimito y pago las consecuencias, pero siempre tratando de cumplir con mis obligaciones más allá de lo que mi salud me permite.
Muchas veces la apatía de los jóvenes hace que me pregunte si realmente vale la pena tanto esfuerzo, pero cuando regresan transcurridos 2 o 3 años a contarnos como se han realizado como estudiantes o en el ámbito laboral, se que el esfuerzo ha valido la pena.
Estamos en un mundo cambiante y necesitamos estar preparados para las nuevas generaciones, y hoy más que nunca estoy convencida de que esta especialidad nos ayudará mucho a ser mejores docentes.

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